Estrategias para reducir la huella de carbono y los costos de la nube

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La migración de datos y cargas de trabajo a la nube permite a las organizaciones disponer de la infraestructura y los servicios que necesitan sin invertir grandes sumas en adquirir y mantener la TI local. Pero en los próximos años las empresas intentarán contener más los costes y reducir la huella de carbono asociada a los servicios en la nube, y los expertos recomiendan sacrificar la velocidad buscando ubicaciones alternativas que ofrezcan mejores condiciones en estos campos.

Muchas organizaciones están migrando sus cargas de trabajo y sus datos a infraestructuras en la nube, en busca de formas de reducir la inversión necesaria para adquirir y mantener toda la infraestructura en local. Esto ofrece más flexibilidad y facilita el acceso a nuevas tecnologías sin preocuparse de las actualizaciones o el costo de propiedad, pero tiene varias contrapartidas, como la velocidad del acceso a servicios por parte de los clientes. Por ello, muchos clientes de la nube buscan ubicaciones cercanas para minimizar la latencia, algo vital en industrias como la de videojuegos o las finanzas, entre otras.

Pero al recurrir a la nube las empresas se enfrentan a una mayor opacidad en lo que se refiere a la huella medioambiental de sus operaciones, ya que muchos proveedores no aclaran bien este aspecto de sus servicios. Además, a medida que escalan los servicios en la nube, como en el caso del almacenamiento o la virtualización, y también se incrementa el tráfico de datos, los costes se incrementan, algo que preocupa a muchas organizaciones ante la inminente recesión.

Los expertos del Uptime Institute recomiendan a las organizaciones que analicen cuidadosamente el alcance y los requisitos mínimos de sus servicios y aplicaciones, y que busquen ubicaciones alternativas que ofrezcan un precio más contenido y una mayor transparencia medioambiental. Distribuyendo sus capacidades en la nube entre varias regiones pueden controlar el gasto y la huella de carbono, pero esto significa sacrificar parte del rendimiento, algo que no siempre pueden hacerse, pero que se puede aplicar a determinados servicios que no son tan sensibles a la latencia, y en los que los clientes no notarían una gran diferencia.

Aunque se deben tener muy en cuenta las regulaciones sobre privacidad y alojamiento de los datos, como en el caso de Europa, donde la GDPR impone limitaciones muy claras. Pero dentro de la UE se pueden encontrar alternativas a las ubicaciones más cercanas al cliente final, y en el Uptime Institute recomiendan tener esto muy en cuenta si se quieren reducir los costes de la infraestructura en la nube. Además, creen que es posible encontrar ubicaciones cercanas al cliente con mejores condiciones para ambas partes.

Los investigadores del instituto han están trabajando en varios proyectos como Cloud Carbon Footprint, enfocados a medir la huella medioambiental de los proveedores de la nube, obteniendo datos de fuentes como carbonfootprint.com, la Agencia Europea de Medio Ambiente y la Agencia de Protección Ambiental de EEUU). También han elaborado el servicio Cloud Carbon Explorer, que proporciona tres mapas interactivos con datos sobre la huella de carbono, el costo y la latencia de las regiones cloud de los principales proveedores de la nube.

Esto puede servir de ayuda a las empresas para localizar la mejor combinación de ubicaciones y servicios para reducir su huella de carbono y los gastos de la nube, sin reducir la latencia por debajo de sus requisitos. Aunque los investigadores de Uptime Intelligence aclaran que los datos que han tenido que recurrir a datos de terceros para sus investigaciones, dado que los proveedores cloud de primer nivel no facilitan toda la información que haría falta para evaluar correctamente las condiciones de cada región. A esto se suma la falta de información precisa sobre cuestiones como la variabilidad de la eficiencia energética de los distintos centros de datos.

En cualquier caso, recomiendan a las empresas que estudien a fondo sus requisitos para evaluar la posibilidad de migrar ciertas cargas de trabajo a ubicaciones alternativas. Con ello podrán optimizar los costes y mantener el nivel de sostenibilidad necesario para cumplir con sus objetivos medioambientales en los próximos años. Pero hacen hincapié en que es vital no sacrificar capacidades clave de sus aplicaciones por reducir costes, ya que esto podría tener un impacto negativo en la experiencia de usuario y en el negocio, que podría ser irreversible.

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