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La gestión de datos es vital para las ciudades inteligentes

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Así lo afirma un nuevo estudio elaborado por Nesta, que indica que las administraciones deben mejorar los sistemas de captación y gestión de los datos, ya que son la clave para el correcto funcionamiento de una Smart City. Para lograrlo necesitan ganarse la confianza y la colaboración de sus ciudadanos, que demandan una mayor seguridad para su información personal.

Según el reciente estudio elaborado por la fundación para la innovación Nesta, en el ecosistema de una Smart City los datos deben verse como un bien común, y no como un producto que se pueda vender. Esta es la clave para que la “inteligencia” que se quiere implantar en las ciudades modernas tenga verdadera utilidad. Los ciudadanos, cada vez más conscientes del valor que genera su información personal, no estarían dispuestos a cederla a la administración local si esta pretende hacer negocio con ella. Pero si se recopila de forma segura, con la única finalidad de mejorar los servicios públicos y la eficiencia de la ciudad, se puede obtener la confianza de la población y crear un modelo de ciudad inteligente verdaderamente útil, que esté al servicio de quienes viven en ella.

Este documento forma parte del trabajo que la fundación está realizando como socio del proyecto Decode, vinculado al proyecto Europeo Horizonte 2020, que busca proporcionar a los ciudadanos europeos un mayor control sobre sus datos. Tom Symons, coautor del informe y jefe interno de investigación sobre innovación del gobierno de Nesta, afirma que los datos públicos deberían ser “la infraestructura pública fundamental del siglo XXI, como las carreteras, el agua potable y las farolas”. También declaró que, “Como socio en el proyecto Decode, queremos que los gobiernos de las ciudades comiencen a concebir los datos como un nuevo tipo de bien común. Los datos tienen un gran potencial para entregar beneficios personales y públicos significativos, pero tenemos que empezar a planificar esto ahora”.

Y esto implica adoptar un enfoque responsable sobre la recopilación, el almacenamiento y el tratamiento de la información. Además, recalca que los ciudadanos, principales proveedores de los datos que harían funcionar correctamente toda esta maquinaria, son recelosos de que se establezca una vigilancia digital de sus actividades, por lo que se deberían implementar herramientas para que estos tengan un mayor control sobre sus datos. Según se afirma en este informe, “En algunos casos, las conversaciones se graban, los movimientos de una persona se rastrean en detalles granulares y el reconocimiento facial se usa con cámaras estáticas y móviles. Estos datos muestran una imagen extraordinariamente íntima de las personas, a menudo sin que ellas siquiera se den cuenta”. Esto genera una gran desconfianza y preocupación en la ciudadanía, que sin garantías de que su información sea tratada respetando su intimidad no estarían dispuestos a participar en un proyecto de ciudad inteligente. Por ello desde Nesta dicen que se debe actuar con responsabilidad y transparencia, para que el uso inteligente y eficiente de los datos no contravenga los derechos de privacidad de los ciudadanos. Symons afirmó que “El mundo está despertando a la posibilidad de un mal uso de los datos, y tenemos la responsabilidad de desarrollar tecnología que proteja a los ciudadanos, pero también garantizar que se desbloquee el verdadero valor público de los datos”. Teniendo en cuenta que una gran parte de la población no tiene problemas en ceder sus datos personales a cambio de acceso a servicios digitales útiles, pero que a la vez se sienten preocupados de que su información se comparta en Internet, Symons añadió que “En el contexto de una amplia falta de conciencia entre los ciudadanos, los gobiernos tienen un papel mucho más activo para actuar de manera preventiva y como salvaguardas digitales. En un nivel básico, esto requiere un rol de los gobiernos municipales para educar al público a ser tan conocedores de los datos como lo son ahora de temas como la contaminación, la calidad del aire o los alimentos de comercio justo, en lugar de aceptar pasivamente los términos y condiciones de uso que se les presentan”.

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